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El Castillo en La Voz del Interior Economía

In EL CASTILLO Hotel on 5 enero, 2009 at 18:45

1175951El sueño del castillo

Mitad hotel señorial, mitad centro de capacitación de nivel universitario para empresas y organizaciones, esta familia recuperó un antiguo establecimiento de Valle Hermoso, persiguiendo un nuevo destino. El caso fue estudiado en Estados Unidos y vale la pena conocerlo.

Despertaron de un largo sueño al emblemático pero también derruido edificio de El Castillo de Valle Hermoso, para comenzar a construir entre esos gruesos muros su propio destino: un establecimiento hotelero especializado en capacitación empresarial. La idea tomó forma en plena crisis de 2002, con toda la familia detrás del proyecto. A la experiencia empresaria de los padres, se sumó el aporte profesional de los tres hermanos Edgardo, Adriana y Fabián Fábrega. Hoy, el caso es objeto de estudio en universidades norteamericanas y una muestra de que no todo ya ha sido hecho.
“Esto es un sueño hecho realidad, así que espero que no sea sólo una etapa de mi vida”, narra Fabián.–¿Pero te ves como hotelero para siempre? –El concepto que nosotros creamos es la mezcla entre una universidad y un hotel. Ése es nuestro producto, así que no se cómo llamar a lo que mis hermanos y yo hacemos. Diría que somos capacitadores que brindamos experiencias de aprendizaje.–¿Por qué decís que incluye el concepto de universidad?

–Siempre hemos estado relacionados con el mundo académico. Mis padres han sido docentes de la Universidad Nacional de Córdoba por muchos años. Y a nosotros nos gusta mucho estudiar…

–El estudio como una actitud de vida.

–Nos gusta aprender y tratar de desarrollar lo intelectual, lo artístico y lo deportivo. Como sabemos que las mejores universidades del mundo ofrecen este desarrollo completo, mente, cuerpo y alma, ofrecemos algo que reúne justamente eso, no una simple estadía.

–Es a la vez una apuesta arriesgada porque si yo solamente quiero descansar y estar en el hotel, me está acotando.

–Yo diría que en el caso de un turista, le estoy ampliando la perspectiva. De cualquier modo, aquí no permitimos una sola noche de alojamiento, cómo mínimo hay que tomar un programa de tres días.

–¿En qué consiste?

–En el alojamiento, una alimentación de alta calidad y una serie de actividades que tienen el formato de un taller o una clase. Aquí, trabajamos con turismo sólo tres meses al año.

–¿Cuáles son?

–Enero, febrero, Pascuas y vacaciones de invierno.

–O sea, atención turistas, si quieren conocer El Castillo es ahora o dentro de un año.

–En esos momentos ofrecemos estos programas con artes plásticas, música, cine, fotografía, literatura o deportes, con clases de natación, vóley, tenis e, incluso, campeonatos de fútbol.

–¿Y hay gente para esto o la tienen que luchar…?

–Entramos en nuestra cuarta temporada turística. Las anteriores estuvimos completos, tomando esa palabra como el 80 por ciento de ocupación que es lo que mandan los manuales de hotelería. En hotelería si uno está al ciento por ciento se considera que hay una falla de gestión con tarifas depreciadas.

–¿Y el resto del año qué sucede?

–Estamos abiertos para empresas, les ofrecemos capacitación ejecutiva, según un programa que cubre sus necesidades. Personalmente, dictamos esos programas. Nuestro producto es un programa de capacitación, no hotelería simplemente.

–Sorprendente por lo complejo del negocio.

–Incluso, la factura que damos no dice hotelería o alojamiento, sino programa de capacitación. El alojamiento, la gastronomía y el esparcimiento son elementos que se suman a la experiencia de aprendizaje.

–Una factura muy buena para justificar gastos (risas).

–Cuando una empresa capacita a su personal cubre todos esos costos.

–¿De qué mente salió ese concepto o acaso es copia de algún lado?

–En 2002 acá estaba la gran crisis y Edgardo y yo vivíamos en Nueva York. Éramos investigadores académicos para el Estado y hacíamos el posgrado. Mi hermana Adriana estaba aquí trabajando y estudiando, junto con mis padres.

–Unos allá y otros acá, digamos.

–Claro, estábamos separados, cosa que no nos gusta porque somos una familia chica, pero muy unida. Queríamos volver a encontrarnos e, incluso, superar la depresión tremenda que generaba la crisis. Ahí dijimos, creemos un producto que nos reúna y nos haga sentir bien.

–Una actividad que a uno lo sostenga económica y emocionalmente.

–Exacto. Yo quería tener una universidad, mi padre apuntaba a un hotel, mis dos hermanos estaban al medio. Las dos cosas son complicadas. Una universidad requiere un cuerpo docente calificado, currícula, etcétera. Y un hotel también demanda una red de ventas muy grande, conexiones e, incluso, estar en un corredor diferente a este.

–Con movimiento de cierto nivel económico.

–Esta región es una de las más bellas que hemos conocido a nivel mundial, pero tiene un descuido de décadas que la ha perjudicado. Entonces, dijimos: creemos algo que las empresas necesiten. Somos empresarios, sabíamos que iba a tener demanda, pero no hicimos una investigación de mercado.

–¿Y por qué no fueron para el lado del turismo de salud que está tan de moda? ¿O los SPA?

–Mi padre tuvo muchos años en el negocio de la salud y no nos atraía. Incluso, pensamos en reciclar el edificio para hacer un geriátrico de alto nivel, pero no, tampoco cerraba la idea.

–¿Cómo encontraron el lugar? ¿El Castillo de dónde salió?

–Lo conocíamos por recorrer la zona, incluso tenemos una foto de chicos acá, nos enteramos que estaba en venta y lo vinimos a ver. Edgardo estaba encantado, pero para mí no servía para nada. Yo pensaba que había que tirarlo abajo y hacerlo de vuelta (ríe).

–Edgardo miraba con ojos de ingeniero.

–Él decía que lo podía hacer. Me mostraba cañerías y cables, yo lo único que veía eran cosas rotas. O me decía: “Esta puede ser una sala de cine”. ¿Qué sala de cine si no se puede entrar del olor a humedad? Pero lo compramos, terminamos los posgrados y nos vinimos de Estados Unidos a levantarlo.

–¿De qué nivel fue la inversión?

–Vendimos tres propiedades. Un piso en La Recoleta, era la casa de la familia, lo entregamos a menos de la mitad de lo que hoy vale, vendimos otras propiedades de San Luis y adquirimos el edificio que había sido de la UOM. Toda la familia se puso a recuperarlo.

–¿Con ayuda externa?

–Gente de la zona, albañiles, plomeros, carpinteros o herreros. Edgardo comenzó a dirigirlos a cada cual en lo suyo. Salimos a comprar antigüedades, que en ese momento, 2003, eran comprables. Nunca tuvimos acceso a un crédito para hacer esto.

–¿Y la gente para hacer funcionar al hotel de dónde salió?

–Adriana y mi mamá seleccionaron a la misma gente que vino para la restauración. Buscamos que no tuvieran experiencia hotelera. Nuestro chef actual (que ingresa a la oficina con café y repostería casera), llegó aquí como ayudante de un pintor de persianas.

–¡No me diga! ¿Cómo se formó en cocina? (Mmm, esta torta qué bien se ve).

–Sandro hoy tiene dos títulos, uno en Celia y, otro, en Azafrán.

–¿Quién desarrolló el plan de negocios o no hay plan de negocios acá?

–Lo desarrollé yo, con toda la asesoría de mis padres. Mi papá organizó en su momento el Primer Congreso Internacional de Anatomía Patológica en la Argentina. Además, es una persona muy creativa y vanguardista.

–¿Quién salió a buscar clientes?

–Nuestra venta nunca fue salir a buscar clientes. Es más, hicimos unas 10 visitas de promoción en empresas que jamás vinieron. Realmente, no sabemos por qué vinieron otras que nunca visitamos. Suponemos que el producto era necesario porque se vendió por sí solo.

–Hubo poco marketing, entonces.

–Le diría que nada porque no había tiempo. Tenemos un alto índice de satisfacción del cliente, hay empresas que han venido cinco o seis veces.

–Eso es bueno. ¿Qué empresas estuvieron? (Yo me le tiro a la torta…)

–YPF, Abbott, Monsanto, Apex, Kolektor, IBM, Arcor, Cerro Motos… por citar algunas.

Negocio bajo la lupa
–Hay una cosa que me suena rara: ¿por qué El Castillo terminó siendo objeto de estudio en Estados Unidos?

–Porque no hay otro producto en el mundo así. Nosotros hicimos los posgrados en Rensselaer Polytechnic Institute, que está entre las cinco mejores universidades de Estados Unidos. Ellos hacen un seguimiento de sus ex alumnos. En uno de esos contactos les comentamos de este emprendimiento.

–Y se interesaron… permiso, voy a probar la torta de frambuesas.

–Sí, fuimos allá y les contamos. Ellos buscaron en su currícula docente un profesor emérito de economía internacional y lo enviaron junto con un cuerpo de docentes y estudiantes para ver si podía ser esto un caso de estudio. Vinieron, vieron, preguntaron, volvieron a escribir un paper que será publicado en el primer semestre de 2009. Concluyeron en que es un caso que no existe en el mundo.

–Bueno, a ver… ¿el hotel ya da beneficios o todavía no alcanzó el punto de equilibrio financiero?

–Está cubriendo costos operativos. Facturó dos millones de pesos en 2008. Pienso que en 2009 va a arrojar una ganancia mínima. Alcanzar eso en el tercer año es un hito para un negocio entrepreneur. Lo normal es que lleve de cinco a ocho. Ése es justamente un ítem del caso de estudio.

–¿Recuerda cuánto invirtieron?

–No, porque no hubo tanto billete sino mucho intercambio de cosas. En el salón feudal pusimos 600 mil dólares, para el resto hubo venta de casas, canje de propiedades. Incluso, mucha mano de obra personal, en el diseño, en la construcción. Esta mesa donde estamos era de nuestra casa. Acá comíamos. ¿Cuánto vale?

–¿Cuál es la tarifa de una nochecita aquí?

–Le reitero, no vendemos una noche, sino un plan de tres días. El promedio de 2008 fue de 160 dólares por persona por día, insisto, promedio. De ahí, 25 por ciento para arriba o para abajo.

–¿Qué incluye ese costo?

–Todo, aquí no existen las extras. Incluye capacitación, alojamiento, comidas, proyector, computadora, equipos de sonido, cursos, salones, fotocopiadoras… el empresario sabe de qué estamos hablando.

–Pero explíquemelo a mí.

–Si usted hace un evento en un hotel de una cadena, normalmente debe contratar a otras 10 empresas proveedoras. Aquí, sólo contrata a una, con esa tarifa que le da todo. El único extra es el vino en la cava (risas). Otra cosa, el hotel se cierra, sean 30 ó 100 personas.

–Todo incluido y exclusivo. ¿Qué más hay?

–La capacitación es a medida del cliente y es ciento por ciento de nuestra propiedad. No es un modelo ajustado, es un programa original en base a modelos científicos probados por universidades norteamericanas. Es ciencia, no enseñamos tendencia, ni moda, ni gurúes. Decimos qué se sabe sobre el liderazgo, no enseñamos cosas que no están comprobadas. Y, después, vamos a la práctica.

–Todo castillo que se precie tiene su fantasma, ¿hay alguno por acá adentro?

–No hemos visto, pero como usted dice, si no hubiera algún fantasma no sería un castillo (ríe).

  1. hermoso!!! cuánto me alegro que lo hayan recuperado de la manera que lo veo en este sitio. Hace casi veintiún años disfrutamos nuestra luna de miel en ese castillo, maravillosa la atención en aquel entonces y me imagino ahora con todos los adelantos… les deseo éxito… gracias

  2. Me atrapo la nota. Yo era de La Falda y en mi adolescencia fui varias veces ya que cursaba en el colegio secundario Nstra. Sra. del Calvario y nos prestaban las instalaciones para hacer deportes. No puedo creer lo hermoso que esta ahora ya que antes estaba en muy mal estado.
    El proyecto es excelente y unico, seguramente un exito asegurado. Suerte!!! Les deseo lo mejor……

  3. la nota estubo re bueno me encanto yo me estoy formando ,hace 2 años descubri la hoteleria como una herramienta necesaria para mi .
    Esa tipo universidad se ve con mucha calidad y buena enseñanza , sigan asi .
    Saludos cordiales

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