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¡Bienvenidos a nuestro Blog!

El Castillo es un hotel 5 estrellas eco-sustentable con servicios all-inclusive. Lo soñamos en familia, lo creamos en familia y lo gestionamos en familia.

Todas las actividades en El Castillo tienden al desarrollo de las capacidades intelectuales, artísticas, deportivas e interpersonales.

En este blog encontrarás novedades relacionadas con nuestro edificio histórico, con el arte que desarrollamos dentro de él (fotografía, pintura, danza), con las prácticas de gestión sustentable, con charlas y conferencias que dictamos invitados por universidades, y con nuestra visión sobre el propósito de las empresas.

Si deseas conocer los programas, tarifas y fechas disponibles, te invitamos a visitar nuestro sitio web tocando aquí.

Lo bueno del Coronavirus

Siguiendo la habitual costumbre de buscar lo bueno hasta en las peores situaciones, noto que nuestro país se ha unido en su defensa contra este virus. Al parecer estamos todos de acuerdo en demostrar responsabilidad cívica, sin importar preferencias políticas, económicas o de cualquier tipo.

Hasta hoy, los únicos momentos en que vi que los argentinos nos habíamos puesto de acuerdo fueron los mundiales de fútbol (al menos acordamos festejar nuestros goles, más allá de los acérrimos desacuerdos sobre el DT, el plantel y las estrategias elegidas). Aunque me gusta el deporte, siempre esperé que un acuerdo nacional tuviera tintes más altruistas. Y, gracias al Coronavirus, por primera vez soy testigo de semejante acuerdo.

Siento un poco de pena por no poder salir a la calle a disfrutar de la triunfante ausencia de discusiones frívolas sobre si alguien le quitó a otro alguien el lugar para estacionar, o la esperanzadora ausencia de piquetes anticonstitucionales, o la tranquilizante ausencia de ruidos desconsiderados hacia el prójimo. Pero estoy feliz por sentirme coterráneo de personas que acuerdan cuidarse entre sí.

Claro que soy consciente de que no tengo la menor idea de cómo sobrevivirán las pequeñas y medianas empresas del país. Al menos la nuestra, que, sin algún milagro de por medio, probablemente quiebre. Sin ningún ingreso, pero siempre con egresos fijos y con la conocida carga impositiva del 63%, no espero otra cosa que magia salvadora. Y no lo digo para tirar una pálida, sino para prestarle atención a los porcentajes. Porque analizar los porcentajes es una tarea crucial para formar un criterio de prioridades.

Si logramos un acuerdo total para luchar contra el Coronavirus, que ha afectado al 0,00014% de nuestra población, ¿por qué no logramos un acuerdo total para proteger a las pequeñas y medianas empresas, que generan el 70% del empleo y conforman el 99% de las empresas argentinas?

Recuerdo cuando el SIDA comenzó a alarmar a la gente, allá por las décadas del 80 y el 90… En esa época, cuando mi padre estaba especializándose justamente sobre el SIDA, un noticiero de TV local lo invitó a brindar información médica actualizada a los ciudadanos sobre dicha enfermedad. Mi padre respondió todas las preguntas, explicó otros detalles más, y finalizó diciendo que, aunque el SIDA era preocupante, había que priorizar los recursos siguiendo las estadísticas: por ejemplo, en Argentina vivían más de un millón de personas afectadas por el incurable Mal de Chagas (el 20% de los enfermos mundiales). Al periodista no le gustó que mi padre desviara la atención de la enfermedad de la que todos hablaban en ese momento.

En línea con esta anécdota, hoy podríamos decir lo mismo del mismo Mal de Chagas, o del dengue, este último con 526 casos confirmados y 2 muertos desde el último brote, sólo en Córdoba. O de los accidentes de tránsito, con 6.627 muertes el año pasado en el país. ¿Que los accidentes de tránsito no son una enfermedad? Bueno, si consideramos la cantidad de jóvenes que mueren en auto como consecuencia de los estupefacientes y las trasnoches de boliche, evidentemente que esos accidentes sí son una enfermedad, y muy contagiosa. Y no me vengan con que soy el malo de la película “Footloose”, porque no es eso lo que quiero decir. También hemos disfrutado salir a bailar… me estoy refiriendo al extremo de perder la conciencia, la responsabilidad cívica, ¡la vida!

Si logramos un acuerdo total para luchar contra el Coronavirus, que representa el 0,85% de las muertes por accidentes de tránsito, ¿por qué no logramos un acuerdo total para proteger a nuestros conductores y a nuestros transeúntes?

Si lo hemos podido hacer con el Coronavirus, cuyas estadísticas están lejísimos de las principales amenazas de la salud y la vida de los argentinos, ¿por qué no acordamos respetarnos de una vez por todas?

-Fabián G. Fábrega

¿Qué es un all-inclusive?

Nosotros, en Argentina, comenzamos a escuchar sobre hoteles all-inclusive hace ya algunas décadas. Ese término nos llegó, principalmente, desde hoteles caribeños, que brindaban todos sus servicios, ilimitadamente, en una tarifa fija. ¿Todos sus servicios? ¿Ilimitadamente? Bueno, no tan así. Hoy sabemos que esos hoteles brindan muchos servicios, sí… al menos muchos más que el servicio básico de habitación con desayuno. Comidas, bebidas con y sin alcohol, actividades de entretenimiento diurno y nocturno. Pero les cuento una anécdota personal y la visión que tenemos en El Castillo.

La primera vez que fui a un hotel all-inclusive, en una playa caribeña, me impresionó ver tantas personas en un mismo lugar. Y escuchar tanto ruido. Pero más me impresionó ver tanta gente alcoholizada. Y después me impresionó enterarme que las clases de tenis se pagaban aparte, y las clases de buceo también, y las excursiones también, y determinadas actividades que requerían que algún profesional las guiara también, y el room-service también, y las bebidas alcohólicas de buena calidad también. Y resulta que los restaurantes y las instalaciones de esparcimiento de uso libre del hotel tenían horarios ¡y hasta cupos! limitados.

Cuando con mi familia diseñamos los servicios que brindaríamos en El Castillo, decidimos lo siguiente: todo lo que pudiéramos brindar dentro del hotel, estaría incluido en una misma tarifa. Desde la comida recién cocinada hasta las clases personalizadas de pintura. Desde los talleres de música con instrumentos profesionales hasta las caminatas por senderos serranos. Desde la organización de un evento corporativo hasta el equipamiento de audio/video. En varios eventos académicos, hemos incluso ayudado a diseñar conferencias completas (escribiendo el texto y armando las presentaciones en PowerPoint).

La idea es realmente sencilla: una sola tarifa por persona. ¿Y cómo incide la tarifa en el tipo de habitación? No incide. Asignamos las habitaciones por orden de reserva, o por características de los huéspedes (edades, composición del grupo, notificación de preferencias, etc.). La única excepción son las bebidas alcohólicas: no las incluimos.

Entonces, retomando la pregunta del título: ¿qué es un all-inclusive? Resulta que no existe una definición exacta de hotel all-inclusive, y cada all-inclusive tiene su reglamento y sus limitaciones. Ojalá existieran más nombres o denominaciones para los hoteles, según los servicios que se brindaran dentro o fuera de su tarifa.

Para ser más específicos, y a falta de un mejor nombre, nuestro all-inclusive tiene los siguientes reglamento y recomendaciones:

BEBIDAS Y COMIDAS

Desayuno: 9:00 a 10:30
Almuerzo: 13:00 a 14:00
Merienda: 17:00 a 18:00 (17:30 a 18:30 en verano)
Cena: 21:00 a 22:30 (21.30 a 23:00 en verano)
Nuestro menú es fijo y respeta las necesidades de nutrición. Elaboramos los platos diariamente con productos orgánicos e ingredientes frescos, para lo cual aplicamos un sistema de aprovisionamiento de tipo Just In Time. Por este motivo, los cambios deben solicitarse con una anticipación mínima de 24 horas. Las bebidas sin alcohol, cafetería Nespresso® y snacks están incluidas durante todo el día.

ACTIVIDADES

Consultar el cronograma de actividades diarias en el pizarrón del Lobby
Entrenamiento deportivo: de 10:00 a 11:00
Piscinas exteriores: de 10:00 a 20:00
Gym: de 10:00 a 13:00 y 18:30 a 20:30. Apoyo permanente de nuestros entrenadores en los juegos en el agua para niños y clases de natación y aquagym para adultos
Piscina climatizada/Jacuzzi: de 16:00 a 20:30 (desde las 18:30 en verano)
Fútbol: botines con tapones bajos
Tenis: la cancha es de tipo elastic-field (superficie similar a la del Abierto de Australia), por lo que requerimos jugar con zapatillas y raquetas reglamentarias. Clases grupales por la mañana
Caminatas y otras actividades al aire libre: sugerimos calzado para superficies pedregosas y gorras o sombreros para protegerse del sol; la variación térmica entre el día y la noche es considerable. Traer camperas y ropa térmica de mucho abrigo.
Kinder con maestras: 10:30 a 13:00 y 15:00 a 23:30 (menores de 3 años con adulto)
Duckpin bowling: las dos pistas son de madera original, muy antigua, por lo que pedimos utilizarla con zapatillas de suela lisa
Salones de juegos con ping-pong, mesas de pool y metegoles: hasta las 24:00
Juegos de mesa: nuestra colección siempre a su disposición, desde el ajedrez Star Wars Saga Edition al Kingdom Defenders, pasando por los clásicos Monopoly, Buraco, Pictionary y muchos más
Taller de fotografía: las cámaras fotográficas son bienvenidas, aunque también podrán participar con sus celulares
Danzas: no olvidar zapatillas bien cómodas, de media punta o tipo danza jazz
Sala de lectura: en nuestra biblioteca encontrarán obras literarias, libros de autores cómicos argentinos y bibliografía artística
Música: invitamos a sumarse a nuestra sala de ensayo profesional a quienes sean aficionados o profesionales de la música
Home Theater: cuenta con una colección de aproximadamente 100 películas y videos musicales originales
Degustación de vinos: consultar horario, sólo adultos
Fiestas Bailables: comienzan luego de la cena y finalizan alrededor de las 00:30. Siempre con coreografías de nuestras profesoras de danza
Cena Medieval: el mismo día de la cena son entregaremos los atuendos medievales

-Fabián G. Fábrega

18 años de emociones

Tal vez porque hace ya dieciocho años que comenzamos a vivir el desafío de convertir al Castillo en el lugar donde pudiéramos compartir momentos soñados con seres que aman a seres que aman la vida… O tal vez porque ya pasé los cuarenta años de edad… O tal vez porque veo cómo el bebé de mi hermana, primero y único de la familia, nos muestra cuánto más profunda y delicada es la vida…

El tema es que, durante este verano, cada segundo que viví en El Castillo me trajo una avalancha de emociones y una avalancha de reflexiones. Y una pregunta muy importante, que tiene que ver con saber si tantos años de entrega, amor, dedicación, esfuerzo y pasión familiar, han, realmente, valido la pena. Porque, como en cada aventura, cual yin y yang, cada gotita de felicidad en el camino ha tenido también su contrapartida (alguna renuncia, alguna injusticia…). Además, no sé si por el momento violento que está viviendo el mundo, o por qué motivo, en este verano tuvimos un par de huéspedes que nos maltrataron como jamás nadie lo había hecho. Y no sólo físicamente, sino también virtualmente (se ve que estos malos y malas persiguen la consigna de maltratar también en las redes). Sí, ya sé que, en valores absolutos, un par es muy poco comparado con cientos, o miles de personas que nos trataron amorosamente a lo largo de tantos años. Sin embargo, como los años nos han hecho personas cada vez más y más sensibles, en este par de ocasiones reaparece aquella pregunta de tono fatalista: ¿vale la pena continuar?

Pero, en el mismo momento que reaparece esa pregunta, cual ying y yang, también reaparecen recuerdos vívidos. Por ejemplo la cara de Delfi, entre sonriente y preocupada, acostada sobre el piso igual que yo, preguntándome: “¿había que caerse o te caíste porque estás muy cansado?”. Era el final de una coreografía que marqué en medio de una de las noches de fiesta, cuando todos estábamos vestidos con atuendos medievales. O la canción que cantó Viole mientras yo la acompañaba en guitarra, que por su dulzura hizo llorar de emoción a todos los que miraban el show de huéspedes. O la consulta de Nacho, que se acercó a sentarse para explicarme: “quiero empezar a estudiar fotografía, ¿me das un consejo?”. O las palabras de despedida de Azu, Isa, Isi, Lauti, Emi y Viole, que me dijeron que, para ser mejor, el mundo necesita personas como nosotros. Estos pequeños grandes huéspedes tienen entre once y catorce años de edad.

¡Y no sólo niñas y niños! Reparece la imagen de Ana María, con sus ochenta y tres años de sabiduría, enseñándonos a cantar a todos un melodioso canon… O de Julio, quien, mientras escribo esto, está aquí hospedado festejando su cumpleaños número sesenta y ocho junto a toda la familia… Hace dos horas nos dijo que “no recordaba un cumpleaños más feliz en toda su vida”.

¡Y no sólo huéspedes que vacacionan! Reparece el recuerdo del Retiro de Danza, que llevamos a cabo hace una semana, por quinto año consecutivo. Cuando los dejamos en el aeropuerto, los grandes maestros y artistas Paloma Herrera y Mario Galizzi, nos abrazaron y agradecieron, en nombre de ellos mismos y en nombre de la danza, por el “enorme apoyo desinteresado que damos al arte como expresión del alma”. (Y como una feliz casualidad, ese mismo día Julio Bocca nos escribió con esa misma intención de gratitud.)

En estos párrafos escribí nombres puntuales, pero no me olvido de todos los otros nombres. Ni de todas las otras caras. Ni de todas las otras palabras. Ni de ahora ni de los dieciocho años que han pasado en El Castillo. Cuando un huésped con quien compartimos gotitas de felicidad se va, extraño. Extraño mucho. Es un venir. Y es un partir. ¿Cómo no va a valer la pena continuar? ¿No?

-Fabián Gabriel Fábrega

Rompecabezas de vegetación nativa

Pensando en formas creativas para presentar árboles nativos de Córdoba, se nos ocurrió diseñar un rompecabezas.

Así creamos “fichas de vegetación” para el algarrobo blanco (Prosopis alba), el espinillo (Acacia caven), el Cina-Cina (Parkinsonia aculeata), el chañar (Geoffroea decorticans). A estos árboles los acompañamos con arbustos y herbáceas que, aunque no son todas esencialmente nativas, generan ecosistemas sorprendentes: la lavanda (Lavandula dentata), la salvia micro y greggi (Salvia microphylla y Salvia greggii), y la peperina (Minthostachys verticillata) -¡qué sería de Córdoba sin su peperina!

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Fotografía & Danza

La fotografía y la danza son expresiones artísticas inspiradoras.

Por eso en El Castillo encontrarás exposiciones de obras, talleres de fotografía, y Retiros de Danza con grandes maestros.

Les comparto mi producción fotográfica de la talentosa bailarina Guadalupe Merlo en El Castillo.

-Fabián G. Fábrega

En el siguiente enlace verás el resto de la galería: https://www.elcastillohotel.com.ar/fotografia-y-danza

Los árboles de mi vida

Las palmeras son mi niñez. Crecí en una casona de principios de siglos, donde mucho antes alguien plantó tres palmeras de las canarias. Con sus doce o trece metros, esas tres palmeras eran los seres más altos del universo. Eran la aventura. Una de ellas era la selva, gracias a la espesísima enredadera que la cubría enteramente desde los pies al cielo. Otra era el parque, por el gusto a limón del tallo finitísimo de las florcitas muy pequeñas color rosa que la rodeaban. Y la otra era el peligro: ¡sus ramas secas se estrellaban en el suelo sin avisar! Supe después que, además de la aventura, eran la amistad. Esa amistad que ayuda. Porque vi que en las plazas usaban sus larguísimas ramas para barrer. ¡Qué fuertes eran esos barrenderos para manejar semejantes escobas! Y valientes, ¡porque había que animarse a acercarse a esas púas! Hace poco volví a visitar mi casona natal, y los dos retoñitos que recordaba de hace veinte años, ahora son unas hermosas palmeras que crecen, lenta pero confiadamente, junto a sus progenitoras.

Las palmeras de mi casa natal

El plátano es mi adolescencia. En Villa Mercedes las veredas eran anchas. Rotas y anchas. El otoño, frío y seco y casi todo horrible, tenía una sola ventaja: caminar por las veredas y hundirme en las montañas de hojas secas de los plátanos. La primavera, soleada, menos seca y casi toda linda, tenía una sola desventaja: caminar por las veredas y llenarme los ojos y la nariz de esas pelusitas de las bolitas de los plátanos. El invierno era tan frio que los plátanos parecían las únicas estructuras cálidas de la ciudad. Y el verano tan soleado que los plátanos parecían las únicas estructuras frescas. Creo que los desacuerdos propios de mi adolescencia, como creerme muy adulto a veces y muy niño otras veces, coincide con el plátano, tan protector a veces cuando con sus ramas convertía calles en túneles, y tan egoísta otras veces cuando decidía quedar pelado o tirar pelusitas.

Hojas de plátanos

El algarrobo es el árbol de mi adultez. Tal vez sea porque es el árbol preferido de mi madre, en una etapa de la vida en la que yo empiezo a conocer sobre vegetación. Mi madre me cuenta de su admiración por el porte, la belleza y el carisma del algarrobo, y al mismo tiempo me explica su conmoción por la fragilidad del árbol frente a la soledad o frente a la abundancia de agua que él nunca pide. Yo uno las palabras metafóricas de mi madre con las palabras denotativas de mis profesores y aprendo a amar al algarrobo. Y amando al algarrobo aprendo a unir muchos aprendizajes de la vida.

Mom's Dreamed Tree

-Fabián G. Fábrega