¿Nos acompañamos con música?

En estos días se cumplen veinte años de la grabación de música folklórica argentina que hicimos en el año 2000 con nuestra banda IOVICO VA.

En este extraño momento que vivimos, cuando las personas estamos obligadas a permanecer alejadas físicamente, creo que debemos hacer todo lo posible para sentirnos cerca espiritualmente, y compartir música es una forma de acompañarnos.

Cuando grabamos este disco teníamos veinte años. Y entonces comenzaban los atentados y conflictos bélico-religiosos en el mundo. Y la crisis del 2001 en Argentina. Y todo parecía temblar. Y nosotros, en familia, comenzamos a pensar en una nueva forma de vivir: nació El Castillo Hotel como una especie de sueño/proyecto. Y así, trabajando, creando, aprendiendo, han pasado veinte años más.

IOVICO VA, hace 20 años (Diego Bornand, nosotros tres hermanos Adriana, Edgardo y Fabián Fábrega, Fernando Pela y Sebastián Mora). Esta grabación tuvo como director a Juan Carlos Cirigliano (pianista de Astor Piazzolla, entre muchísimos otros grandes artistas de la historia), como músicos invitados a Hugo Pierre (leyenda del jazz mundial, fallecido en 2013) y Adolfo Cirigliano, y como productores a nuestros padres.
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¿Nos acompañamos leyendo?

La lectura nos hace sentir cerca. Cerca de quien escribe, de quien lee, de quien comenta, de quien escucha…

Para sentirnos acompañados, les compartimos el primer capítulo del primer libro de Fabián, “Del amor, obra literaria completa”, que se apoya en el humor para expresar una mirada esperanzadora en momentos difíciles.

FÁBREGA, Fabián G. Del Amor, Obra literaria completa. Buenos Aires: Editorial Dunken, 2015

El amor, mi éxito continuo
Monólogo para ser leído en público

Y sí, el amor es mi especialidad.

Puedo describir mi vida, toda ella, contando solamente las historias de pasión que he vivido.

La gente, por lo general, tiene alguna herida amorosa. Yo no. Yo no y los demás sí. Esto se debe, sencillamente, a que los demás no tienen el nivel de sensibilidad que yo sí tengo. Yo sé darle a cada mujer lo que necesita. Por eso todas quedan tan satisfechas y felices que no hacen otra cosa más que agradecerme una y otra vez. Así es como mi corazón va haciéndose cada día más y más grande, y fuerte, y sano, y lleno de capacidad de dar.

Voy a empezar a contarles, desde el principio, cómo ha sido mi vida. Tal vez algunos se sientan identificados (los exitosos en el amor), tal vez otros no (los no exitosos en el amor). A medida que mi relato vaya desarrollándose, pueden ir ubicándose hacia la izquierda los que se sientan identificados –esto es, los exitosos– y a la derecha los que no se sientan identificados –esto es, los fracasados.

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Lo bueno del Coronavirus

Siguiendo la habitual costumbre de buscar lo bueno hasta en las peores situaciones, noto que nuestro país se ha unido en su defensa contra este virus. Al parecer estamos todos de acuerdo en demostrar responsabilidad cívica, sin importar preferencias políticas, económicas o de cualquier tipo.

Hasta hoy, los únicos momentos en que vi que los argentinos nos habíamos puesto de acuerdo fueron los mundiales de fútbol (al menos acordamos festejar nuestros goles, más allá de los acérrimos desacuerdos sobre el DT, el plantel y las estrategias elegidas). Aunque me gusta el deporte, siempre esperé que un acuerdo nacional tuviera tintes más altruistas. Y, gracias al Coronavirus, por primera vez soy testigo de semejante acuerdo.

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¿Qué es un all-inclusive?

Nosotros, en Argentina, comenzamos a escuchar sobre hoteles all-inclusive hace ya algunas décadas. Ese término nos llegó, principalmente, desde hoteles caribeños, que brindaban todos sus servicios, ilimitadamente, en una tarifa fija. ¿Todos sus servicios? ¿Ilimitadamente? Bueno, no tan así. Hoy sabemos que esos hoteles brindan muchos servicios, sí… al menos muchos más que el servicio básico de habitación con desayuno. Comidas, bebidas con y sin alcohol, actividades de entretenimiento diurno y nocturno. Pero les cuento una anécdota personal y la visión que tenemos en El Castillo.

La primera vez que fui a un hotel all-inclusive, en una playa caribeña, me impresionó ver tantas personas en un mismo lugar. Y escuchar tanto ruido. Pero más me impresionó ver tanta gente alcoholizada. Y después me impresionó enterarme que las clases de tenis se pagaban aparte, y las clases de buceo también, y las excursiones también, y determinadas actividades que requerían que algún profesional las guiara también, y el room-service también, y las bebidas alcohólicas de buena calidad también. Y resulta que los restaurantes y las instalaciones de esparcimiento de uso libre del hotel tenían horarios ¡y hasta cupos! limitados.

Cuando con mi familia diseñamos los servicios que brindaríamos en El Castillo, decidimos lo siguiente: todo lo que pudiéramos brindar dentro del hotel, estaría incluido en una misma tarifa. Desde la comida recién cocinada hasta las clases personalizadas de pintura. Desde los talleres de música con instrumentos profesionales hasta las caminatas por senderos serranos. Desde la organización de un evento corporativo hasta el equipamiento de audio/video. En varios eventos académicos, hemos incluso ayudado a diseñar conferencias completas (escribiendo el texto y armando las presentaciones en PowerPoint).

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18 años de emociones

Tal vez porque hace ya dieciocho años que comenzamos a vivir el desafío de convertir al Castillo en el lugar donde pudiéramos compartir momentos soñados con seres que aman a seres que aman la vida… O tal vez porque ya pasé los cuarenta años de edad… O tal vez porque veo cómo el bebé de mi hermana, primero y único de la familia, nos muestra cuánto más profunda y delicada es la vida…

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